Ha llegado el momento de dejar la playa por un momento y dedicarnos a conocer la verdadera Cuba. Y para ello, qué mejor que visitar su capital, La Habana, para recorrer sus calles, disfrutar de su historia, conocer a sus pobladores, probar su gastronomía y perderse en sus angostas calles.
De este modo volvemos a Cayo Coco para abordar el avión que tras 50 minutos en el aire aterrizará en el aeropuerto de La Habana. Allí llegamos y, a primera vista, apreciamos una ciudad quedada en el tiempo donde los coches particulares, reconocibles gracias a su matrícula color amarillo, tienen, al menos, entre 40 y 50 años de antigüedad. Estos se mezclan con modelos más nuevos, los de matrículas azules que son los pertenecientes al estado y las bordó que son los de alquiler. Al recorrer sus calles pueden observase en algunos muros diferentes frases que hacen referencia al sistema y a la revolución, muchas de ellas, pertenecientes a José Martí.
La Habana puede, entonces, dividirse en cuatro grandes barrios o zonas: Centro Habana, el Vedado, La Habana Vieja y Miramar. Así, Centro Habana es la zona limitada entre las avenidas de el Malecón al norte, el Prado al este y la Calzada de la Infanta al oeste. Se trata este de un sector popular, ruidoso y superpoblado en el que pueden apreciarse edificios que son verdaderas joyas arquitectónicas muy deterioradas, fruto de los años dorados de Cuba.